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Federación de Asociaciones de Neuropsicología Españolas

José A. Obeso: "Las enfermedades neurodegenerativas serán la epidemia del siglo XXI"

La capacidad del cerebro humano para realizar muchas tareas de forma automática a la vez que otras que requieren más atención es una ventaja evolutiva, aunque el aumento de la esperanza de vida la podría convertir en una característica que nos lleve a sufrir párkinson o alzheimer. Esta es una de las hipótesis con las que trabaja el doctor José A. Obeso, que la semana pasada recibió el Primer Premio Honorífico a la Excelencia en la Trayectoria Científica, otorgado por la Fundación AstraZeneca durante la IIIJornada Jóvenes y Ciencia: Impulsando el Talento Científico, que se celebró en el Instituto de Salud Carlos III de Madrid. Allí, habló con EL MUNDO sobre el progreso en el tratamiento del Parkinson, las señales de alarma y la calidad de vida del paciente.

P.¿Cómo han evolucionado las terapias del párkinson a lo largo de su trayectoria?

Se ha pasado de un único tratamiento sintomático a actuar no sólo en los síntomas, sino en la enfermedad.

P.¿Cuáles son las características de esta enfermedad?

La principal es la pérdida de dopamina [un neurotransmisor fundamental en la función motora del organismo] porque se mueren las células que lo fabrican, y esto conduce a que el control de los movimientos se altere. El tratamiento esencial del estado parkinsoniano es reemplazar el déficit de dopamina, igual que se hace con la diabetes y la insulina.

P.¿Cuáles son los tratamientos que mejor funcionan?

Antes de que yo empezase en neurología, justo hace ahora cincuenta años, se probó que la levodopa se convierte en dopamina en el cerebro y tiene un efecto terapéutico. Reponer el déficit de dopamina sigue siendo el objetivo primario del tratamiento de la enfermedad. Ahora hay múltiples formas de hacer ese reemplazo, y cada vez se hace de forma más cercana al proceso fisiológico.

P. ¿Qué mejoras ha habido?

Ha pasado de ser una enfermedad altamente incapacitante a ser incapacitante, y de reducir la esperanza de vida a que ésta sea cercana a la de la población general. Actualmente, en nuestro medio, se vive y se envejece con párkinson. Es la primera enfermedad neurodegenerativa con la que se consigue.

P. ¿Es una enfermedad que afecta sólo con edad avanzada?

El diagnóstico se sitúa en torno a los 60 años, pero un 25% de las personas con enfermedad de Parkinson lo inician antes de los 44 años. A esto se suma que, a los 20 años de evolución, la persona ha envejecido claramente y, a parte de la pérdida de mecanismos fisiológicos del sistema nervioso, está el efecto de la enfermedad, y la dolencia se hace diferente. Esto ha generado el verdadero reto, que es intentar detener la enfermedad de manera que se viva y envejezca sin que se amplifique por efecto del paso del tiempo y del envejecimiento. Ya hemos conseguido que se viva más con la enfermedad, ahora donde más expectativas hay puestas es en reducir la progresión del proceso. Para ello, hay que actuar de forma precoz, es parte del éxito terapéutico, al igual que con el Alzheimer o el cáncer.

P. ¿Hay síntomas precoces?

De media, siete años antes del diagnóstico ya hay manifestaciones, en algunos casos hasta 15 años, pero son sutiles o demasiado generales como para que puedan tener especificidad diagnóstica. Comienza con unas manifestaciones muy específicas y benignas:que tiemble un dedo, que bracee un poco, o que se arrastre una pierna. Si lo parásemos ahí sería una enfermedad benigna todo el rato. Lo que pasa es que a los 10, 20, 30 años del diagnóstico, la enfermedad se va ampliando: afecta al equilibro, a la articulación del lenguaje, al sueño y, sobre todo, a la cognición.

P. ¿Qué le ocurre al cerebro de una persona con párkinson?

Se mueren neuronas, se atrofian. Y donde hay muerte neuronal, hay inflamación, por lo que se dan procesos que se autoamplifican. Va afectando a más zonas, el mapa se amplía. Y cuanto mayor es el área, más problemas hay. Todas las neurodegenerativas son similares en ese sentido.

P. ¿La calidad de vida del paciente ha mejorado?

En los primeros diez años hay un 80% o 90% de normalidad, aunque depende mucho de la edad de inicio de la enfermedad. Lo que yo le digo a mis pacientes es que el problema está en que, inevitablemente, se asocia a problemas del envejecimiento, como caídas.

P. ¿El aumento de la esperanza de vida hará más frecuentes las enfermedades neurodegenerativas?

Sin ninguna duda. Serán la epidemia del siglo XXI. Me encanta pillar a los políticos en estas cosas y decirles:"Como tú no haces nada, también te va a pillar a ti".

P.¿No se le dedica la atención que requiere?

La población envejece y las enfermedades neurodegenerativas son más prevalentes, y altamente incapacitantes en las últimas etapas de la vida. Es un tema de salud pública de la misma importancia que el cáncer o los problemas cardiovasculares. El doctor Fuster lo dice muy bien:la patología cardiovascular se puede mejorar mucho y hacer una gran labor médicosocial con educación y prevención, porque los hábitos de vida son el principal condicionante. El cáncer tiene un hábito de vida, por ejemplo, el tabaco, y un componente molecular, genético. La enfermedad neurodegenerativa tiene bastante menos de hábito de vida y gran componente de mecanismo. O se investiga o perecemos. El impacto que tendrá en Europa y Norteamérica, en los países ricos, es como el del cambio climático, pero a otro nivel:ya lo sabe todo el mundo pero hacemos muy poquito por evitarlo. O las paramos o nos paran.

P. Hace poco se celebró el Día Mundial del Alzheimer, otra de las grandes enfermedades neurodegenerativas. ¿En qué se trabaja?

Una de las grandes novedades es la aplicación de ultrasonidos de baja frecuencia. Se está haciendo con Alzheimer y nosotros empezaremos a aplicarlo en demencia y Parkinson en breve. Consiste en aplicar mecanismos físicos, un campo totalmente diferente a lo que se ha hecho hasta ahora.

 

Fuente: El Mundo

Las seis claves de los neurólogos para evitar el riesgo de alzhéimer

El pasado, 21 de septiembre, se conmemoro el Día Mundial del Alzhéimer, la causa de demencia más frecuente (aproximadamente el 70 por ciento del total de casos). Actualmente, en España, según estimaciones de la Sociedad Española de Neurología (SEN), podrían existir unas 800.000 personas que padecen la enfermedad. El alzhéimer es la principal causa de discapacidad en personas mayores y la patología que genera uno de los mayores gastos sociales: el coste por paciente se cifra entre 27.000 y 37.000 euros anuales.

En España, el 18,5 por ciento de los pacientes que acuden a una consulta de Neurología lo hacen por alteraciones de memoria o sospecha de deterioro cognitivo y es la primera causa de consulta neurológica en mayores de 65 años (el 35 por ciento de las consultas). “Sin embargo, a pesar de que las quejas de memoria son uno de los principales motivos de consulta neurológica existe un infradiagnóstico llamativo de los casos de demencia, sobre todo en estadios leves, por falta de concienciación familiar y de profesionales sanitarios. Calculamos que el 80 por ciento de los casos de alzhéimer que aún son leves está sin diagnosticar y que entre el 30 y el 40 por ciento de los casos totales también lo estarían”, señala Sagrario Manzano, coordinadora del Grupo de Estudio de Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología.

Cada año se diagnostican en España unos 40.000 nuevos casos, unas cifras que, debido al progresivo envejecimiento de la población, irán en aumento en los próximos años. “La enfermedad de Alzheimer está muy ligada al envejecimiento y el envejecimiento es el principal factor de riesgo. Debido a que, en los últimos 30 años, la proporción de personas mayores de 65 años ha aumentado considerablemente, también lo ha hecho el número de enfermedades neurodegenerativas crónicas, especialmente las demencias. Además, España es uno de los países del mundo con mayor proporción de enfermos de demencia entre su población de más de 60 años”, señala Manzano. “Ahora mismo, y a la espera de que la comunidad científica consiga encontrar un tratamiento curativo para la enfermedad, intentar abordarla en sus primeras fases, ya que existen fármacos que consiguen mantener durante un tiempo el estado neuropsicológico y funcional del paciente; e intentar fomentar los hábitos saludables para combatir los factores de riesgo, deben ser los focos en los que prestar la máxima atención”, añade.

Seis medidas para evitar los factores de riesgo

Aunque evitar la enfermedad de Alzheimer es sumamente complejo y difícil de abordar en edades avanzadas de la vida, donde ya se producen diversos cambios a nivel cerebral, evitar situaciones de riesgo y procurar mejorar el funcionamiento cerebral es más fácil de lograr y con buenos resultados, según múltiples estudios con rigor científico basados en estrategias de prevención poblacional. Algunos de ellos señalan que llevar hábitos de vida saludables podría reducir hasta un 40 por ciento los casos de alzhéimer o, al menos, retrasar el debut clínico de la enfermedad.

Actividad física: el ejercicio físico regular y no explosivo se asocia a un mantenimiento de la función cognitiva y a un retraso del comienzo de la enfermedad de Alzheimer.

Actividad social: mantener las conexiones sociales, fomentar sentimientos de autoeficacia y de autoestima y llevar a cabo otro tipo de actividades que conforman la denominada ‘actividad social’ se relacionan con el mantenimiento de la función cerebral.

Actividad mental: muchos estudios han señalado que un alto nivel de educación se asocia a una mayor probabilidad de mantener en el tiempo el funcionamiento cerebral adecuado. Además, tareas como leer libros, asistir a conferencias, participar en juegos de mesa, entre otras, suponen un menor riesgo de deterioro cognitivo y de demencia, si se realizan con asiduidad.

Prevención del riesgo cardiovascular: factores como la hipertensión arterial, hipercolesterolemia, enfermedades cardíacas, tabaquismo y, sobre todo, la diabetes son cruciales en el deterioro mental asociado a la edad. Además, la gravedad de los síntomas cognitivos en personas con alzhéimer se incrementa sustancialmente ante la existencia de factores de riesgo vasculares.

Una buena alimentación: la dieta mediterránea se asocia a un menor riesgo de padecer la enfermedad, al incluir antioxidantes, vitamina C y E y omega 3. Además, diversos estudios revelan que la ingesta de pescado al menos una vez por semana produce una reducción del 60 por ciento del riesgo de alzhéimer. Por el contrario, el consumo elevado de grasas saturadas y de cobre incrementaría el deterioro cognitivo.

Fomentar la reserva motivacional: se ha relacionado la propensión a la aflicción con la aceleración del deterioro cognitivo. Además, enfermedades mentales como la depresión, también se han asociado a la pérdida de neuronas en el hipocampo y en otras regiones cerebrales. Por lo tanto, hay que procurar ser felices.

 

Fuente: redacción médica

Ciudadanos pide una Estrategia Nacional para el daño cerebral adquirido

El Grupo Parlamentario Ciudadanos ha registrado en el Congreso de los Diputados tres nuevas iniciativas para su debate en la Comisión de Sanidad y Servicios Sociales, dos de ellas relativas al daño cerebral adquirido y la tercera sobre esclerodermia.

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Así crecía el cerebro de un niño neandertal

“Así sería su cerebro”, proclama el paleoantropólogo Antonio Rosas. Su mano alza un molde realizado con una impresora 3D, poco mayor que un tetrabrik de leche. El cerebro original, relata, perteneció a un niño neandertal de casi 8 años que murió hace otros 49.000 en lo que hoy es Piloña (Asturias). Nadie sabe de qué fue capaz aquel cerebro.

“Estoy convencido de que ellos, como yo, podían comunicarse, y si podían comunicarse debían de tener conciencia de la inmensidad del universo, del paso del tiempo y de la fragilidad de la existencia humana. Debían preguntarse, también como yo, ¿cuántas lunas llenas más?, ¿cuántas primaveras? ¿Cuánto me queda”, escribió el genetista Carles Lalueza Fox en su libro Palabras en el tiempo (editorial Crítica), tras una visita a la cueva de El Sidrón, donde entre 2000 y 2013 aparecieron los restos del niño y de otros 12 neandertales.

Hace 100.000 años, sobre la faz de la Tierra se paseaban al menos cinco especies humanas diferentes: Homo sapiens, neandertales, Homo floresiensis, Homo erectus y denisovanos. Su coexistencia habría hecho temblar los actuales relatos religiosos de creaciones divinas, pero solo quedaron los sapiens. El esqueleto del pequeño neandertal —“el mejor conservado de su edad en el mundo”, según Rosas— permite ahora iluminar el desarrollo de su especie, extinguida hace unos 40.000 años en sus últimos reductos del sur de la península Ibérica. Todos los detalles del niño se publican hoy en la revista Science.

El “guaje”, como lo llama en broma Rosas, tenía exactamente 7,7 años cuando murió, medía 111 centímetros y pesaba 26 kilos. Los restos de los 13 miembros de su familia, algunos de ellos con señales de haber sido canibalizados, fueron posiblemente arrastrados por la riada de una tormenta al fondo de la cueva de El Sidrón, donde permanecieron 49.000 años.

“El niño era un aprendiz que empezaba a desarrollar las actividades propias de los neandertales”, sostiene Rosas, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), en Madrid. A sus casi 8 años, el guaje, como sus adultos, usaba la boca como una tercera mano, con la que podría agarrar pieles para su curtido. En sus dientes han quedado las marcas de golpes accidentales con el filo de sus herramientas de piedra. Era diestro.

Un equipo dirigido por Antonio Rosas y su colega Luis Ríos ha establecido que aquel niño, bautizado científicamente El Sidrón J1, presentaba un ritmo de crecimiento “muy similar” al de los niños actuales. Con una diferencia: su cerebro. Los neandertales tenían una mayor capacidad craneal que los humanos modernos, 1.520 centímetros cúbicos frente a 1.195. El guaje murió con 1.330 centímetros cúbicos, casi el 88% del total. A esa edad, subrayan los investigadores, un niño actual ya ha desarrollado toda su capacidad craneal.

“El tejido del cerebro es muy caro. El organismo necesita mucha energía para hacer crecer un gran cerebro”, apunta Rosas. En los sapiens, crece primero el cerebro y luego el cuerpo “recupera de golpe todo el tiempo perdido con el estirón de la adolescencia”. Es una estrategia evolutiva que “permite a los niños pasar mucho tiempo aprendiendo, adquiriendo conocimiento”, según Ríos. Es lo que nos hace humanos.

“Es un patrón humano que creíamos exclusivo de nuestra especie”, explica Rosas. El paleoantropólogo y su grupo defienden que el crecimiento y el desarrollo del niño neandertal se ajusta al de los chavales actuales, con una fase lenta entre el destete y la pubertad, para compensar el enorme coste energético de desarrollar un cerebro de gran tamaño. “A los 7,7 años su cerebro todavía estaba creciendo”, subraya.

El paleoantropólogo estadounidense Erik Trinkaus, de la Universidad Washington en San Luis (EE UU), aplaude el nuevo estudio, en el que no ha participado. “Es un trabajo muy bonito en un importante fósil neandertal, que refuerza lo que ya debería ser obvio desde hace tiempo: que las tasas y patrones de crecimiento neandertal rara vez difieren de las de los humanos modernos”, apunta.

“La conclusión evolutiva es que neandertales y sapiens básicamente compartimos un mismo modelo de crecimiento y desarrollo, posiblemente heredado de un antepasado común”, prosigue Rosas. Ese ancestro fue, posiblemente, el Homo antecessor de la sierra de Atapuerca, en Burgos. Especies anteriores, como el Homo ergaster que vivió en África hace unos 1,6 millones de años, crecían de manera veloz, como la inmensa mayoría de los animales. No necesitan años de aprendizaje, como el guaje.

 

Fuente: Manuel Ansede

Los fallos en el ‘GPS’ del cerebro son síntoma de esquizofrenia

Un equipo de científicos de la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, ha descubierto que las interrupciones en el centro de navegación espacial del cerebro, el GPS interno, dan lugar a algunos de los graves déficit de memoria que se observan en la esquizofrenia.

Los hallazgos, publicados en Nature Neuroscience, ofrecen un punto de entrada prometedor para atacar un síntoma casi universal y debilitante del trastorno, que hasta ahora ha resistido todas las formas de tratamiento.

Para llevar a cabo la investigación, el laboratorio se centró en una región cerebral llamada CA1, ubicada en el hipocampo, que desempeña un papel tanto en la navegación como en la memoria episódica. Es el hogar de células de lugar, que en conjunto forman mapas internos en el cerebro críticas para navegar en el entorno actual. Asimimo, también codifican los aspectos espaciales de los recuerdos episódicos, como dónde estaba una persona cuando vio por última vez a su mejor amigo o el lugar en el que sus padres siempre guardaban las decoraciones navideñas.

Los científicos ubicaron a los dos grupos de roedores en una cinta de correr bajo un microscopio de dos fotones de alta resolución, donde fueron expuestos a una variedad de imágenes, sonidos y olores (incluyendo una recompensa de agua colocada en lugares no marcados en la cinta andadora).

Los animales mostraron diferencias sorprendentes en el comportamiento y en la actividad celular. Aunque ambos grupos pudieron navegar con éxito en un nuevo entorno, los ratones de tipo esquizofrenia tuvieron más problemas para recordar ambientes familiares de un día a otro, así como adaptarse cuando los aspectos de ese entorno cambiaban. Mediante el seguimiento simultáneo de las células de lugar de los animales a través del microscopio de dos fotones, el equipo detectó la diferencia.

Según uno de los autores principales del trabajo, Attila Losonczy, "cuando los ratones sanos se acercaron a algo familiar, como el agua, las células de lugar dispararon con creciente intensidad, y luego se tranquilizaron cuando los animales se alejaron. Y cuando movimos la ubicación del agua y dimos a los animales la oportunidad de volver a aprender dónde estaba, la actividad de sus células de lugar reflejó la nueva ubicación".

En palabras de su compañero en la investigación, Joseph Gogos, "estos estudios están ayudando a construir una comprensión de un trastorno que ha seguido siendo un misterio biológico. Al señalar las muchas causas de la esquizofrenia, estamos abriendo múltiples puntos de intervención para frenar, detener e, incluso, prevenir el trastorno, lo que significa mejorar dramáticamente la vida de los pacientes y sus familias".

Fuente: Redacción Medica

 

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